viernes, 29 de febrero de 2008



Ya está, no me interesa.

No me interesan los colores increíbles ni el ruido de animales imaginarios, y no me interesan las mil, cien mil páginas muertas sobre lo difícil que es el mundo.

No me interesa el surrealismo confuso y estúpido ni las ochenta perspectivas simultáneas y analíticas.

No me gusta el teatro de complicidad ni el cine de la iluminación.

No me gusta el fetichismo asqueroso de las máscaras blancas (sí, siempre son blancas, a mí que no me engañen, son todas lo mismo).

La respiración se me dificulta otra vez, y se me hace un nudo en la garganta, y los dedos me tiemblan, y el ruido insoportable del tic tac me golpea.

Se me han quedado al borde las palabras, en otro momento las diré. De todas maneras hay tiempo y ahora es imposible.

Quiero vomitar ya mismo o ir a dormir o no sé, ya no me importa.

A veces me gustaría doblarme con mucho cuidado y guardarme en un cajoncito hasta dentro de un buen rato.

miércoles, 27 de febrero de 2008

Y ahora ya es compulsivo

«No debí llevarte a parís / esa ciudad era sólo mía / yo en parís soy todo lo que tengo / la próxima vez parís / te llevará a vos. y yo / me quedaré sola aquí / sin mí»

Entreabre un poco las per­sianas y deja que entre el aire frío de la noche. Los ruidos de la ciudad invaden también el cuarto, en­suciando la música: un cortejo de ómnibus avanza por la avenida Corrientes hacia el Bajo, y desde lejos le llegan las voces excitadas de un televisor. La confusión de sonidos ajenos le permite, extra­ñamente, oírse a sí mismo: oye los sordos ciegos ojos del deseo abriéndose en lo más hondo de lo que él es. No es por la fuerza de gravedad de la mujer que le estallaba el deseo sino por la inercia de la noche, o por la música, por el allegro final del cuar­teto de César Franck que está levantando vuelo. El allegro se encrespa a veces y luego se vuelve me­lancólico como un paisaje lunar: después de un cráter, la música se despereza en una lenta llanura, hasta que vuelve a despertar. La pieza entera es una sucesión de estremecimientos y de suspiros.


Proust estaba escribiendo La prisionera, quinto volumen de esa obra, cuando obligó al cuar­teto Poulet, durante toda una noche, a tocar repe­tidas veces los cuatro movimientos. El Viola Ama­ble Massis recordaba años después que Proust se metió en la cama apenas llegaron, e hizo que sirvieran a los músicos champán y papas fritas para que conservaran las energías. Las partituras se repartieron sobre los muebles del dormitorio forrado de corcho, en la casa del Boulevard Haussmann, y una o dos veces, durante la ejecución, Proust recogió del suelo algunos papeles ya saturados de escritura para anotar en ellos un par de frases. «¿Po­drían tocar el cuarteto entero sólo una vez más?», recuerda Massis que decía Proust con una voz más aguda a medida que avanzaba la noche.
Proust era víctima de sus ideas fijas, y las iba dejando como un tatuaje a lo largo de su libro. . El mundo sería nada sin las ideas que siguen en pie, obstinadas, sobreviviendo a todas las adversidades.

¿Alguien entiende lo que quiero decir?

No me molesta si me contestan. Muchas gracias.

Su sonrisa desafiante te paraliza. Es demasiado libre para vos. Es errante y ya te dejó claro que no dejará de serlo porque vos lo quieras.
Rumiás tus pensamientos mirándola y una oleada de ternura precede a un relámpago de rencor. Mirás el pequeño cuerpo blanco y te recorre un temblor involuntario. El aire se detiene alrededor de ella y el mundo entero se revuelve. Dentro suyo parece navegar una sombra misteriosa, como moviéndose dentro de su contorno ondulante marcado apenas por la suave luz de la tarde. Quisieras apresarla, desanudar sus pensamientos con tus dedos, beber a sorbos su mirada, desentrañar la maraña de su rostro.
Suspirás, intrigado. Y una vez más te ronda la idea de esconderte en el dormitorio y espiarla mientras duerme. Vas a hacerlo, vas a oír su humedad, a lastimar su pensa­miento, a quemar su sombra, a despellejar el aire que respire. Vas a saltar dentro de su sueño y apo­derarte de todo lo que encuentres.
No conozco tu nombre ni se más quien sos,
vi tu nombre en los diarios y nadie te vio,
la pantalla que sangra ya nos dice adiós.
Te veré en 20 años en televisión,
cortada y aburrida,
a todo color
a todo color
a todo color.
Yo detesto a la gente que tiene el poder
de decir lo que es bueno y lo que es malo también,
sólo el pueblo, mi amigo, es capaz de entender
los censores de ideas temblarían de horror
ante el hombre libre con su cuerpo al sol.

Maldita la metáfora

Debajo de todo esto hay una ciudad subterránea; allí unos hombrecitos grises y con sombrero nos miran y se preguntan porqué todo acá es tan complicado. Vuelven a su casa, se miran al espejo y en realidad yo tampoco estoy tan cuerdo. Apago la luz y me acuesto.

lunes, 25 de febrero de 2008

¡No te rías! Podrías ser el próximo...Tropezaste con las sábanas revueltas y el suelo te rechazó, corriste hacia el agua a calmar tu ardor y aullaste sin razón...¡Terminá con los juegos!¡Esto es serio!
No tengas miedo que la red está a tus pies (no puedo decir lo mismo de mi red) ¡Gritá que nadie te escucha! Vamos con el show otra vez...¡Éxito! ¡Ahh, cómo te gusta que te aplaudan! Lástima, ya nos vamos...No, no hace frío, es que estás desnudo, te invito a correr...
¡Mejoraste, no? ¡Me ganaste esta vez! ¡Muy bien!
Acelero para retroceder, voy a los tumbos para quedar, me dejo quieto para avanzar...grito para no hablar, hablo para no callar, me callo para no gritar...cierro los ojos para no escuchar, termino por no empezar, me escapo para no llegar...

viernes, 22 de febrero de 2008

Odio el tono solemne de las cosas escritas, el aire de verdad que parece intentar poner el autor en ellas, de teatralidad; hay que adivinar los sentimientos a través de esa marea de palabras en las que uno se esconde, y hay que vencer esa sensación de insignificancia, de sentirse un pobre diablo que intenta arañar el papel para escribir algo que conmueva, para comunicar exactamente un nudo en la garganta o un destello de lucidez, sintiendo cómo las palabras se pegotean en los dedos, como cuando al hablar se te enredan en la lengua y batallás desesperado para decir algo, para no ahogarte en la marea del silencio que te abraza cuando simplemente quisieras hablar, hablar largo y tendido y no sentirte tan solo; y te miran extrañados porque para ellos es todo tan fácil y si no es tan fácil se olvidan y a otra cosa, porque en realidad no sos tan distinto y a todos les pasa, a todos les pasa pero vos tenés la sensación de mirar todo a través de un vidrio que no es otra cosa que tu mundo, y si esforzás un poco la vista vas a ver que todos están rodeados por ese vidrio invisible y lejos de consolarte esa idea te desalienta, porque quisieras destrozar todo de una vez y no podés porque son demasiadas cosas y todo parece inútil; y ya es difícil pensar y para los otros ya se hace monótono escucharte y optan por no hacerte caso y tenés ganas de mandar a la mierda todo y de irte bien lejos de vos mismo o de cortar acá pero qué más da, qué más da seguir escribiendo o no, qué importa si ya todos se cansaron si las manos siguen mecánicamente y vos estás en otro lado, esperando a que sea un momento menos hostil y ahora te buscan, ahora te llaman y ahora recién pensaron lo que les dijiste pero lástima porque es tarde ahora, qué me importa si ahora querés hablar o si te diste cuenta de que yo tenía razón, qué me importa si querés verme y romper el silencio que vos mismo reconocías, igual me cansé del juego inútil que jugábamos; yo tengo otras cosas en qué pensar y después de todo el tiempo lo cura todo, y pronto todos nos vamos a olvidar de esto y a seguir, y no te confundas porque realmente no me importa, no es que yo esté a la deriva ni nada por el estilo, a veces hasta yo me sorprendo cuando me descubro golpéandome la cabeza contra la pared y pienso que se debe ver muy extraño y me da risa cuando me miran creyendo que ésta soy yo y se van a su casa pensando y vuelven corriendo a decirme algo, porque yo ya corrí cien kilómetros adelante, nunca nos vamos a encontrar y váyanlo sabiendo, y a mí también me duele mucho pero uno se termina por acostumbrar a todo, además a veces las cosas no son tan graves aunque a uno le parezcan así, y si lo son bueno, bienvenidas sean porque ya me cansé de que todo sea tan efímero y quisiera algo de verdad y que esto dejara de repetirse, porque la verdad es que no sirve para nada más que para desencontrarse y ya no necesitamos desencontrarnos más, lo que necesitamos es encontrarnos y que no sean solamente palabras, y no importa si terminás todo lastimado por largarte de cabeza contra el vidrio porque nos estás haciendo bien a todos aunque parezca que no nos damos cuenta.

Los perros del barrio

Ya llegan cansados en rondas hambrientas
a husmear trozos entre los residuos:
caridad de afables cristianas sirvientas
que tienen por ellos cuidados asiduos.


La humildad que baja de sus lagrimales
se trueca en desplantes de ladridos fieros:
no en vano regresan de sucios portales
cumplida su ingrata misión de cerberos.


Espíritus sabios en sus devociones,
ladran sus blasfemias como ángeles malos,
pero en los oficios de las contriciones
los mueve a ser santos la unción de los palos.


Tal vez ellos mismos, en noches aciagas
son los milagreros geniales artistas,
de bíblicas lenguas, que curan las llagas
de anónimos Cristos sin evangelistas...


En las castas horas de amables ensueños,
son, regularmente, como nadie parcos
en el decir, pero se tornan risueños
cuando beben agua de luna en los charcos.


Gozan la primicia de las confidencias
en los soliloquios de los criminales,
y, como sus dueños, buscan las pendencias
y aman los presidios y los hospitales.


De noche, consuelan la angustia infinita
de los incurables que en los conventillos,
dulcemente lloran a la Margarita
que muere en las teclas de los organillos.


Puntuales consignas, jamás olvidadas
con los que despiertan, fielmente severos,
a las obreritas, en las madrugadas
que anuncian las dianas de los gallineros.


Se entristecen cuando la mujer insulta
-... a ese sinvergüenza que aun no ha venido...
Y en su compañía descubren la oculta
lejana cantina donde está el marido.


Final de la ofensa nunca perdonada,
rencor de los héroes de almas agresivas,
gustan la belleza de la puñalada
que alcanza a las locas muchachas esquivas.


Crías corajudas, de castigo eximen
a las delincuentes famas orilleras,
si es que se discute la causa del crimen
que apasionó al barrio semanas enteras...


Ponen sus rabiosas babas en los cuentos
de las enredistas brujas habladoras,
y asisten en días de arrepentimientos
a las confesiones de las pecadoras.


Luctuosos de mugre van a los velorios
donde, haciendo cruces, arañan las puertas
y, muy compasivos, gruñen responsorios
y recitan Salves por las novias muertas.


Hallan escondrijos de cosas guardadas,
y cautos, divulgan en el vecindario
fórmulas secretas de alquimias, robadas
al hosco silencio de algún visionario.


Con mucho sigilo, ferozmente, serios
en el amplio, oscuro templo de la acera
celebran sus ritos de foscos misterios,
aullando exorcismos contra la perrera.


Custodian el acto, de extrañas figuras,
los insospechados de infames traiciones;
hay autoritarias torvas cataduras
de perros caudillos y perros matones.


Uno, sobre todo, terror de valientes,
jamás derrotado volvió a la covacha:
¡quizás Juan Moreira le puso en los dientes
su daga de guapo sin miedo y sin tacha!


Y hay otro, apacible, gentilmente culto,
de finos modales, ingenioso y diestro
en estratagemas de escurrir el bulto,
y a quien los noveles le llaman Maestro.


Y hay otro, que, cuando la fiesta termina
hablando a los fieles con raro lenguaje
parece un apóstol de gleba canina
que dice a las gentes su Verbo salvaje.


Y otro, primer premio de anuales concursos
y que, en saber, ante ninguno se agacha,
es una promesa que sigue los cursos
de las academias de un perro Vizcacha.


Y otro, que en su orgullo se llama nietzscheano,
siempre maculado de filosofías,
en cien bellas frases, de credo inhumano,
expone a la horda tremendas teorías...


Y otro, que con aire de doncel apuesto
finge repulsiones hablando de gracia,
cuidando la forma de su noble gesto
impone el buen gusto de su aristocracia.


Y el otro, que el domingo va a las conferencias,
donde dragonea ya de libertario,
afirma que toda clase de violencias
es en estos días un mal necesario.


Y otro, patriotero, bravo y talentoso,
-nació en Entre Ríos- elogiando el suelo
de su cuna, agrega, que en tiempo glorioso
fue hermano en Calandria , y hermano en mi abuelo.


Y otro, de impecada frescura de asceta,
que a veces fulmina no sé qué amenaza,
es el escuchado tonante profeta
que augura el destino mejor de la Raza.

Y algunos, que acaso fueran ovejeros
en las mocedades de sus correrías,
relatan historias de gauchos matreros
con quienes pelearon a las policías.

Y otros, caballeros que leen Don Quijote
y ya han recibido más de una pedrea,
casi pontifican que siempre el azote
ha sido recurso de toda ralea...

Y otros, familiares reliquias vivientes
que atiende el Estado, sarnosos y viejos
mas con su prestigio de bocas sin dientes,
inician a varios que piden consejos.

...Y ahí están. De pronto vuelven, todos juntos,
a narrarse, en orden, sus melancolías:
pregunta y respuesta, como en contrapuntos
de fúnebres salmos que son letanías.


¡Parece que el alma de los payadores
hubiese pasado por sobre la tropa,
y que, frente a graves jueces gruñidores,
está Santos Vega y está Juan sin Ropa!

...¿Qué será ese inquieto pavor tumultuario
que desde la sombra llega, a la sordina?
¡Cómo si rezasen lúgubres rosarios,
de hostiles rumores se puebla la esquina!

Se van galopando... ¿Por qué habrán huido?
...¡Qué sola ha quedado la calle! ¡Qué honda
la pena del ronco furor del aullido!
¿No sientes, hermano? Se aleja la ronda...

Silencio

Dónde estabas tú cuando yo estaba quemado y desecho
Mientras miraba los días pasar por mi ventana
Y dónde estabas cuando estaba herido e indefenso
Porque las cosas que dices y haces me rodean
Mientras te colgabas en las palabras de alguien más
Muriendo por creer en lo que habías escuchado
Yo empezaba a ir directo al sol brillante
Perdido en el pensamiento y perdido en el tiempo
Mientras las semillas de la vida y las semillas del cambio eran plantadas
Afuera la lluvia caía lenta y oscura
mientras reflexionaba en este peligroso pero irresistible paso del tiempo
tomé un paseo celestial a través nuestro silencio
supe que el momento había llegado
para matar al pasado y volver a la vida
tomé un paseo celestial a través nuestro silencio
supe que la espera había comenzado
y me dirigí directo al sol brillante

martes, 19 de febrero de 2008

A veces las cosas son transparentes; a veces las cosas no dejan lugar a la imaginación, ni a la interpretación, ni a la poesía, ni al llanto. Son como son; así, redondas y limpias. Se pueden rodear y mirar desde todos los ángulos. Y no resisten las paradojas, ni los dobles sentidos, ni las métaforas. Se marcan como una mancha de café en un mantel, como una grieta en el vidrio. Son inútiles y se guardan en el desván, para acumular polvo, porque no se recuerdan y no se puede, ni tiene sentido, olvidarlas. Simplemente están ahí, y nadie habla de ellas.

lunes, 18 de febrero de 2008

Promesa

Hacía tiempo no me sentía así; curiosamente la libertad me inunda y me siento capaz de abandonar mil cosas que me hacían daño, de olvidar cosas que me ataban a la angustia, de cortar sin más lazos que me estaban estrangulando. Me siento humana, muy humana. Y quería escribirlo, para no olvidarlo.

domingo, 17 de febrero de 2008

Caminó absorto por la calle desierta, y miró los álamos bamboleantes que resonaban cuando el viento los atravesaba. Sintió la enloquecida carrera del viento y la tormenta que se avecinaba. Esa noche no encontraría el dilema entre el aire abierto y el refugio iluminado de su cuarto, perdido en el último piso del último edificio de la última ciudad...No correría dando tumbos, ni lanzaría alaridos que despedazarían el silencio en el que se sumergía todos los días. Tampoco se tumbaría en una esquina a beber hasta el amanecer, ni caminaría al azar hasta que las piernas se le rindieran.
No se convulsionaría desesperado en llanto, ni se callaría obstinadamente con la mirada vuelta hacia sí mismo.No iría hacia adelante ciegamente, no volvería hacia atrás.
Se detuvo y miró a su alrededor. La tormenta lo sacudía todo y una luz grisácea invadía las casas, mientras el azul oscuro teñía lentamente el cielo. El camino se abría infinitamente, con mil vueltas, revueltas, esquinas, encrucijadas, interrupciones, paredes, escaleras, túneles...Sonrió, aspiró profundamente y se desvió, abriendo una puerta inexistente hacia otro lugar.

viernes, 15 de febrero de 2008

Miedo te tengo miedo...




Aeronausifobia: Miedo a vomitar

Aicmofobia: Miedo a los objetos puntiagudos

Amatofobia: Miedo al polvo

Ambulofobia: Miedo a caminar

Anablefobia: Miedo a mirar hacia arriba

Anglofobia: Miedo los ingleses o a cualquier cosa inglesa

Asimetrofobia: Miedo a las cosas asimétricas

Blenofobia: Miedo al lodo

Carnofobia: Miedo a la carne

Chaetofobia: Miedo al pelo

Chorofobia: Miedo a bailar

Didaskaleinofobia: Miedo a ir a la escuela

Eurotofobia: Miedo a los órganos genitales femeninos

Fagofobia: Miedo a tragar cosas

Frigofobia: Miedo a las cosas frías

Geumatofobia: Miedo al sabor

Globalifobia: Miedo a la globalización

Itifalofobia: Miedo de ver, pensar en, o tener el pene erecto

Koniofobia: Miedo al polvo

Metrofobia: Miedo u odio a la poesía





Alodoxafobia: Miedo a emitir opiniones.

Eisoptrofobia: Miedo a los espejos

Eleuterofobia: Miedo a la libertad

Esciofobia: Miedo a las sombras

Demofobia: Miedo a las multitudes

Escopofobia: Miedo a ser visto o ser mirado fijamente

Dishabiliofobia: Miedo a desnudarse delante de alguien

Filofobia: Miedo a enamorarase

Filosofobia: Miedo a la filosofía

Agateofobia: Miedo a la locura o volverse loco

Frenofobia: Miedo a pensar

Glosofobia: Miedo a hablar

Herisofobia: Miedo a desafíos contra la doctrina oficial o a la desviación radical

Katagelofobia: Miedo al ridículo o a hacer el ridículo

Odinofobia: Miedo al dolor

Optofobia: Miedo a abrir los ojos

Tiranofobia: Miedo a los tiranos

Verbofobia: Miedo a las palabras

Ermitofobia: Miedo a estar solo




Panfobia: Miedo a todo


Fobofobia: Miedo a temer, miedo al miedo

jueves, 14 de febrero de 2008

Indiferente

Por suerte yo no odio a nadie, pero cuando sufro un desengaño me golpea profundamente, me disminuye, me resiente, me va encerrando en mí misma durante un largo, largo tiempo.

Creo que simplemente necesito dejar correr las cosas.

Maldito sea el teléfono

Llamame, no me llames, te llamo, no te llamo, ocupado, no está, no contesta, cortó, equivocado...
Impersonal y distante, anónimo, sin gestos, sin mirada, para escaparse, para desencontrarse, para intentar, para desistir...¿qué se puede esperar, si se puede cortar de un momento al otro, si un día uno puede volver y escuchar un mensaje desesperado en el contestador, el mensaje de alguien que ya no soporta la evasión fría y mecánica? A fin de cuentas es un refugio para cobardes, un desengaño para valientes, una disertación inútil para los que, como yo, encuentran siempre la forma de complicar las cosas.

El río

Y sí, parece que es así, que te has ido diciendo no sé qué cosa, que te ibas a tirar al Sena, algo por el estilo, una de esas frases de plena noche, mezcladas de sábana y boca pastosa, casi siempre en la oscuridad o con algo de mano o de pie rozando el cuerpo del que apenas escucha, porque hace tanto que apenas te escucho cuando dices cosas así, eso viene del otro lado de mis ojos cerrados, del sueño que otra vez me tira hacia abajo. Entonces está bien, qué me importa si te has ido, si te has ahogado o todavía andas por los muelles mirando el agua, y además no es cierto porque estás aquí dormida y respirando entrecortadamente, pero entonces no te has ido cuando te fuiste en algún momento de la noche antes de que yo me perdiera en el sueño, porque te habías ido diciendo alguna cosa, que te ibas a ahogar en el Sena, o sea que has tenido miedo, has renunciado y de golpe estás ahí casi tocándome, y te mueves ondulando como si algo trabajara suavemente en tu sueño, como si de verdad soñaras que has salido y que después de todo llegaste a los muelles y te tiraste al agua. Así una vez más, para dormir después con la cara empapada de un llanto estúpido, hasta las once de la mañana, la hora en que traen el diario con las noticias de los que se han ahogado de veras. Me das risa, pobre. Tus determinaciones trágicas, esa manera de andar golpeando las puertas como una actriz de tournées de provincia, uno se pregunta si realmente crees en tus amenazas, tus chantajes repugnantes, tus inagotables escenas patéticas untadas de lágrimas y adjetivos y recuentos. Merecerías a alguien más dotado que yo para que te diera la réplica, entonces se vería alzarse a la pareja perfecta, con el hedor exquisito del hombre y la mujer que se destrozan mirándose en los ojos para asegurarse el aplazamiento más precario, para sobrevivir todavía y volver a empezar y perseguir inagotablemente su verdad de terreno baldío y fondo de cacerola. Pero ya ves, escojo el silencio, enciendo un cigarrillo y te escucho hablar, te escucho quejarte (con razón, pero qué puedo hacerle), o lo que es todavía mejor me voy quedando dormido, arrullado casi por tus imprecaciones previsibles, con los ojos entrecerrados mezclo todavía por un rato las primeras ráfagas de los sueños con tus gestos de camisón ridículo bajo la luz de la araña que nos regalaron cuando nos casamos, y creo que al final me duermo y me llevo, te lo confieso casi con amor, la parte más aprovechable de tus movimientos y tus denuncias, el sonido restallante que te deforma los labios lívidos de cólera. Para enriquecer mis propios sueños donde jamás a nadie se le ocurre ahogarse, puedes creerme.Pero si es así me pregunto qué estás haciendo en esta cama que habías decidido abandonar por la otra más vasta y más huyente. Ahora resulta que duermes, que de cuando en cuando mueves una pierna que va cambiando el dibujo de la sábana, pareces enojada por alguna cosa, no demasiado enojada, es como un cansancio amargo, tus labios esbozan una mueca de desprecio, dejan escapar el aire entrecortadamente, lo recogen a bocanadas breves, y creo que si no estaría tan exasperado por tus falsas amenazas admitiría que eres otra vez hermosa, como si el sueño te devolviera un poco de mi lado donde el deseo es posible y hasta reconciliación o nuevo plazo, algo menos turbio que este amanecer donde empiezan a rodar los primeros carros y los gallos abominablemente desnudan su horrenda servidumbre. No sé, ya ni siquiera tiene sentido preguntar otra vez si en algún momento te habías ido, si eras tú la que golpeó la puerta al salir en el instante mismo en que yo resbalaba al olvido, y a lo mejor es por eso que prefiero tocarte, no porque dude de que estés ahí, probablemente en ningún momento te fuiste del cuarto, quizá un golpe de viento cerró la puerta, soñé que te habías ido mientras tú, creyéndome despierto, me gritabas tu amenaza desde los pies de la cama. No es por eso que te toco, en la penumbra verde del amanecer es casi dulce pasar una mano por ese hombro que se estremece y me rechaza. La sábana te cubre a medias, mis manos empiezan a bajar por el terso dibujo de tu garganta, inclinándome respiro tu aliento que huele a noche y a jarabe, no sé cómo mis brazos te han enlazado, oigo una queja mientras arqueas la cintura negándote, pero los dos conocemos demasiado ese juego para creer en él, es preciso que me abandones la boca que jadea palabras sueltas, de nada sirve que tu cuerpo amodorrado y vencido luche por evadirse, somos a tal punto una misma cosa en ese enredo de ovillo donde la lana blanca y la lana negra luchan como arañas en un bocal. De la sábana que apenas te cubría alcanzo a entrever la ráfaga instantánea que surca el aire para perderse en la sombra y ahora estamos desnudos, el amanecer nos envuelve y reconcilia en una sola materia temblorosa, pero te obstinas en luchar, encogiéndote, lanzando los brazos por sobre mi cabeza, abriendo como en un relámpago los muslos para volver a cerrar sus tenazas monstruosas que quisieran separarme de mí mismo. Tengo que dominarte lentamente (y eso, lo sabes, lo he hecho siempre con una gracia ceremonial), sin hacerte daño voy doblando los juncos de tus brazos, me ciño a tu placer de manos crispadas, de ojos enormemente abiertos, ahora tu ritmo al fin se ahonda en movimientos lentos de muaré, de profundas burbujas ascendiendo hasta mi cara, vagamente acaricio tu pelo derramado en la almohada, en la penumbra verde miro con sorpresa mi mano que chorrea, y antes de resbalar a tu lado sé que acaban de sacarte del agua, demasiado tarde, naturalmente, y que yaces sobre las piedras del muelle rodeada de zapatos y de voces, desnuda boca arriba con tu pelo empapado y tus ojos abiertos.

jueves, 7 de febrero de 2008

miércoles, 6 de febrero de 2008

Encontré una esquina del tiempo .
Vértigo. Lo escribí antes de encontrarla.
Ahora todo tiene mucho más sentido, porque yo estoy al derecho. Dado vuelta estás vos.
Luca Prodan ya decía eso, que todas las canciones de Sumo son predicciones.
escalera-laberinto
Pronto, antes de que el tornado se disuelva, me quiero quedar. Me quiero ir! Pero quiero libertad para visitarlo. Libertad para poseerlo.
Yo lo creé.
Aquí está.

Escalera


martes, 5 de febrero de 2008

Latidos acelerados. Vértigo. El aire se hace borroso y las luces brillan cada vez más; me parece haber entrado en uno de esos puntos perdidos en el tiempo y el espacio que andan por ahí y de los que uno sale con náuseas y maltrecho. Curiosamente, todos parecen estar en esta ciudad y hay algo en el alcohol y en mis ojos que me termina atrayendo irremediablemente hacia ellos. Giro sin control en una marea de contrariedades, burlas y gritos que me hipnotiza y me desgarra, porque siento que me abren a cuchillazo limpio y el aire helado me penetra.
Lo alucinante de esta especie de esquinas del tiempo es que se cruzan y multiplican de forma infinita todos los hilos del universo; es un instante de revelación del que no se puede salir sin escalofríos y falta de aliento, y aunque viviera mil años no acertaría a explicar porqué despues de la seguridad de la muerte inminente, de estar en el corazón de una hoguera milenaria, en el centro de un nuevo tornado que amenaza con arrasar todo y reducirlo a polvo, puedo caminar por estas calles otra vez y a veces hasta olvidarme por un momento del peligro.
Cierro los ojos fuertemente y espero a que todo pase. Los abro e intento fundirme con el aire, pasar a ser parte de él; quiero quedarme aquí para siempre aunque sobrevenga el fin o la locura, pero finalmente termina.
Pero yo nunca vuelvo a ser la misma.

domingo, 3 de febrero de 2008

Mis ojos recorren la habitación con celo, anticipando los saltos traidores de estos seres repugnantes que se deslizan y se escurren. Los veo reír con esa risa ciega que tanto odio. Ahora una pausa, intento convencerme de que todo terminará en un momento. Y me divierto enredándome en su espanto, en la plácida y pegajosa blandura de sus cuerpos. Hoy casi no me da asco, porque hoy su risa será apenas un grito apagado en el vacío.
Un relámpago predecible me cruza los ojos. Lo odioso de estos monstruos es que no se dejan atrapar. Me pregunto si su risa no tiene como blanco mis ojos de cordero asustado, mi horror infantil, mis intentos fugaces de aferrar el cielo sin que me queme las manos. Y como el relámpago precede al trueno, ahora resuena la respuesta en mis oídos, sin que ellos siquiera lo sospechen. Recuerdo que en mis manos está latiendo un susurro que sólo será por hoy. Yo también tengo lugar en este juego y por eso me pertenece su final.
El tablero es mío; yo muevo las piezas. Seduzco con mi sonrisa a cada uno; me derramo de tal modo que cualquiera diría que soy uno de ellos. Tantas veces casi tuve esa certeza. Demorándome en actuar, casi disfruto de su compañía...me enternezco y recuerdo cómo anhelaba su repugnante aliento compartido más que el aire fresco que me apuñalaba en el silencio. Me inunda como una marea creciente el rencor, y se convierte en furia. Yo soy el victimario y la principal víctima. Ellos se reducen a vulgar contemplación, pero mi crueldad necesita un destino y el destino, por pura casualidad, resultaron ser ellos. Me vuelvo resoplando a verlos, y embisto sin siquiera sentirlos. Un placer sádico nacido del dolor me hace descubrirles el juego poco a poco. ¡No tengan miedo! ¡Están seguros! Antes de que el ataque de hoy los aniquile recuerden su infalible condición de intocables...esa que resultó tan falsa como mi verdad. Ahora nos miramos cara a cara sin disfraces ni reverencias. Resulté ser un espejo traicionero que no pudo con su genio. Tuve que aceptarlo y esa situación absurda me hizo reír con su risa ciega. También mi risa será apagada en el vacío.
Me miran con horror, miran con horror al indefenso cordero que se convirtió en lobo. Sus rostros blancos y perfectos se desfiguran en una mueca de miserables acorralados. La sangre mancha la loca blancura en un rojo momento de belleza tórrida. Magistral, hasta dejé para la posteridad la película filmada en secreto, donde todos verán esta pequeña muestra de la locura subterránea que habita en todos los rincones. Sé que la misma acción debía ser suficiente y que sería mas heroico dejarla en el anonimato. Pero no puedo con mi instinto de simple mortal.