lunes, 31 de marzo de 2008

A las luces embriagantes y el viento frío había posibilidad de explicarlas, como no la había para el frío y la embriaguez. Toda la noche era un espectro que latía hondamente y un río que escapaba sangrando en la oscuridad, sin que uno supiera muy bien hacia dónde corría. Las calles trazaban imperiosamente su obstinado recorrido, un mapa bien dibujado donde cada cosa tenía su lugar. Pero he aquí que al caminar meditabundo por ellas uno se encontraba doblando una, dos, cien veces la misma esquina; encontrarse siempre con que faltaban pocas cuadras para llegar al final y súbitamente, encontrarse en una ciudad distinta, más grande y más complicada y más absurda, casi demasiado como para recorrerla porque ya uno estaba fatigado; además de que evidentemente todo eran delirios de borrachera y mañana desaparecería la ciudad y desaparecería con ella el intento de explicarla, el intento de agarrar con los dedos el agua del río sangrante. Y nace el deseo de quedarse siempre caminando entre la dulce escenografía de cartón, y la suave y melancólica placidez lleva a sentarse tranquilamente en el banco de una plaza hasta mañana, respirando la quietud anónima. Se siente arrastrado por el agua fría que a su paso destruye todas las ciudades, alterando cualquier mapa trazado sobre la arena. No pude menos que reír mirando cómo la esquina por la que pasé mil veces se mezclaba con la que nunca conseguí pisar. Y el agua arremolinando todo, y la luna reflejándose en el agua y mezclándose con ella.
Pero toda esa fiebre que flota en el aire no puede ocultar el frío que me nace en los huesos, la noche cruel de hambre y azotes, ni los perros que aúllan al aire, hiriéndolo. Entonces otra vez todo se corta en seco, el aire se hace de piedra igual que tu mirada, el río se congela porque no encuentra sentido ya en desbordarse por todos lados. Y el golpe brutal y discordante sacude los cimientos de la noche y de todos esos edificios que admirábamos hace apenas un instante, como sólo un idiota puede hacer, sin ver los aviones que vienen a estrellarse, los gritos y el sálvese quien pueda, detrás del que vienen las lágrimas que en algunos lugares no se extinguirán jamás. Así los pasos se detienen hasta un momento más propicio, aunque yo no lo quiera.

miércoles, 19 de marzo de 2008

Ojalá las cosas hubieran sido de otra manera. Pero son así, y qué le vamos a hacer. Por más que desespere y le dé puñetazos a la pared, seguiré estando aquí, ya sólo queda pensar en algo más.
No derrames tu burla sobre mí
tal vez te estés equivocando
o estés olvidando algo
que veo esas manchas en tu ropa
que escucho tu voz cuando se quiebra
al menos yo no lo escondo
ni siquiera intentes tocarme
porque voy a hacerte pedazos
sólo eres un vaso a medio llenar
y te sientes rebalsar
¡Estúpido!¡Las pinturas sólo tienen un lado para mirar!

lunes, 17 de marzo de 2008

Pasos amenazantes y ridículos, pero siniestros.
La melosa y cruel voz sisea
que la locura es un crimen imperdonable
mucho más, los sentimientos
¡Tenías que hablar, maldita sea!
Sé lo que vas a decir
¿Crees que no lo sabemos?
¿Que nadie sabe que esto es una gran y podrida Farsa?
¡Diablos!¿Porqué tuviste que dejarme?
Ahora estás muerto
* * *
¡Mi bebé!
Déjame tenerte en mis brazos
¿Por qué todo es tan cruel?
Cómo desearía que no hubieras nacido
Cómo desearía llevarte conmigo
Cómo desearía dejarte libre
No me llames, déjame ir
No llores
Lamento dejarte sólo mis miedos
* * *
Estoy perdido ahora
no soporto el gris encierro
déjenme en paz
ustedes están igual de locos que yo
cuál es el maldito problema?
déjennos en paz
gusanos insignificantes
no olvides que tu locura es mucho peor que la mía
porque te crees normal
¡Basta! ¡Aquí nadie es normal!
* * *
No entiendes, basura
así son las cosas y así tienen que ser
¡demasiado estúpido para entender!
Nunca lo olvides
o seguirás teniendo problemas
Me dais asco
Os deberían matar a todos!
* * *
Odio decírtelo, pero no vas a doblegarme
Seguiré resistiendo
ni siquiera me hables, sólo me haces reír
Veamos cómo puedes ahora con todos nosotros
ya veo el terror en tus ojos
Ya me alejé hace tiempo del suelo
ya sólo me queda volar hacia el sol
y es terriblemente difícil
extraño el suelo frío y seguro
pero mis entrañas arden y me impulsan hacia arriba
si quieren venir conmigo, mejor
pero si no, no puedo obligarlos
susurros cómplices con el viento
locura arrebatada en la soledad de las nubes
mi mirada fija en el horizonte
que nunca he podido alcanzar
me refugio en un hueco de las montañas
porque no puedo con las ráfagas heladas
ni con la lluvia que me hiere
burlándose de mí
Mi caverna me seduce
y me encierro en la tibieza del invierno
y recuerdo momentos mejores
y espero allí un larguísimo tiempo
tanto, que ya todos murieron
y desespero de dolor
con la mirada baja, quiero remontar
pero he olvidado cómo
y tengo que aprender otra vez
mi vista se nubla por las lágrimas
no puedo entenderlo
De las sombras dormidas emerge una voz
un susurro anhelante y dolorido
y suplica
y grita
y su voz hiere el aire callado
y quién podría responder?
Si el llamado ya atravesó el mundo
y lo estremeció
y las palabras están de más
vuelve lentamente al sopor
intenta olvidar el dolor
y el grito sigue rasgando la noche fría y azul
Una y otra vez, desesperadamente
y a su grito se une otro
y otro
y otro
y otro
y ya son miles de voces clamando
y el cielo se tiñe de rojo
y el hielo arde
y el grito sólo suena
cuando se convierte en una marea de aullidos

miércoles, 12 de marzo de 2008

¿Qué es el poeta, miserable y tuberculoso, harapiento y desdichado, al lado de los versos que estremecen de belleza y locura? Todos se olvidarán del poeta y amarán su poesía; yo haré como el poeta y me olvidaré de mí misma, y amaré mi mundo nacido del caos. Daré vueltas en las estrellas, me hundiré en el mar...no puedo apartar mis ojos del cielo circular...soy sólo una línea de humo, espero arder de una vez; pero seré sólo una chispa en la hoguera, y nadie me recordará.

Y así será, nomás;
echaré mis pensamientos a volar
y las sombras se agrandarán sobre la tierra...

lunes, 10 de marzo de 2008

Esto lo estoy tocando mañana



-El nombre de la estrella es Ajenjo -está diciendo Johnny, y de golpe oigo su otra voz, la voz de cuando está... ¿cómo decir esto, cómo describir a Johnny cuando está de su lado, ya solo otra vez, ya salido? Inquieto, me bajo del pretil, lo miro de cerca. Y el nombre de la estrella es Ajenjo, no hay nada que hacerle.

-El nombre de la estrella es Ajenjo -dice Johnny, hablando para sus dos manos-. Y sus cuerpos serán echados en las plazas de la grande ciudad. Hace seis meses.

-Oye, hace un rato dijiste que en el libro faltaban cosas.

(Atención, ahora.)

-¿Que faltan cosas, Bruno? Ah, sí, te dije que faltaban cosas. Mira, no es solamente el vestido rojo de Lan. Están... ¿Serán realmente urnas, Bruno? Anoche volví a verlas, un campo inmenso, pero ya no estaban tan enterradas. Algunas tenían inscripciones y dibujos, se veían gigantes con cascos como en el cine, y en las manos unos garrotes enormes. Es terrible andar entre las urnas y saber que no hay nadie más, qué soy el único que anda entre ellas buscando. No te aflijas, Bruno, no importa que se te haya olvidado poner todo eso. Pero, Bruno -y levanta un dedo que no tiembla- de lo que te has olvidado es de mí.

-Vamos, Johnny.

-De mí, Bruno, de mí. Y no es culpa tuya no haber podido escribir lo que yo tampoco soy capaz de tocar. Cuando dices por ahí que mi verdadera biografía está en mis discos, yo sé que lo crees de verdad y además suena muy bien, pero no es así. Y si yo mismo no he sabido tocar como debía, tocar lo que soy de veras... ya ves que no se te pueden pedir milagros, Bruno. Hace calor aquí adentro, vámonos.

Lo sigo a la calle, erramos unos metros hasta que en una calleja nos interpela un gato blanco y Johnny se queda largo tiempo acariciándolo. Bueno, ya es bastante; en la plaza Saint-Michel encontraré un taxi para llevarlo al hotel e irme a casa. Después de todo no ha sido tan terrible; por un momento temí que Johnny hubiera elaborado una especie de antiteoría del libro, y que la probara conmigo antes de soltarla por ahí a todo trapo. Pobre Johnny acariciando un gato blanco. En el fondo lo único que ha dicho es que nadie sabe nada de nadie, y no es una novedad. Toda biografía da eso por supuesto y sigue adelante, qué diablos. Vamos, Johnny, vamos a casa que es tarde.

-No creas que solamente es eso -dice Johnny, enderezándose de golpe como sí supiera lo que estoy pensando-. Está Dios, querido. Ahí sí que no has pegado una.

-Vamos, Johnny, vamos a casa que es tarde.

-Está lo que tú y los que son como mi compañero Bruno llaman Dios. El tubo de dentífrico por la mañana, a eso le llaman Dios. El tacho de basura, a eso le llaman Dios. El miedo a reventar, a eso le llaman Dios. Y has tenido la desvergüenza de mezclarme con esa porquería, has escrito que mi infancia, y mi familia, y no sé qué herencias ancestrales... Un montón de huevos podridos y tú cacareando en el medio, muy contento con tu Dios. No quiero tu Dios, no ha sido nunca el mío.

-Lo único que he dicho es que la música negra...

-No quiero tu Dios -repite Johnny-. ¿Por qué me lo has hecho aceptar en tu libro? Yo no sé si hay Dios, yo toco mi música, ya hago mi Dios, no necesito de tus inventos, déjaselos a Mahalia Jackson y al Papa, y ahora mismo vas a sacar esa parte de tu libro.

-Si insistes -digo por decir algo-. En la segunda edición.

-Estoy tan solo como este gato, y mucho más solo porque lo sé y él no. Condenado, me está plantando las uñas en la mano. Bruno, el jazz no es solamente música, yo no soy solamente Johnny Carter.

-Justamente es lo que quería decir cuando escribí que a veces tocas como...

-Como si me lloviera en el culo -dice Johnny, y es la primera vez en la noche que lo siento enfurecerse-. No se puede decir nada, inmediatamente lo traduces a tu sucio idioma. Si cuando yo toco tú ves a los ángeles, no es culpa mía. Si los otros abren la boca y dicen que he alcanzado la perfección, no es culpa mía. Y esto es lo peor, lo que verdaderamente te has olvidado de decir en tu libro, Bruno, y es que yo no valgo nada, que lo que toco y lo que la gente me aplaude no vale nada, realmente no vale nada.

Rara modestia, en verdad, a esa hora de la noche. Este Johnny...

- ¿Cómo te puedo explicar? -grita Johnny poniéndome las manos en los hombros, sacudiéndome a derecha y a izquierda. (La paix!, chillan desde una ventana)-. No es una cuestión de más música o de menos música, es otra cosa... por ejemplo, es la diferencia entre que Bee haya muerto y que esté viva. Lo que yo toco es Bee muerta, sabes, mientras que lo que yo quiero, lo que yo quiero... Y por eso a veces pisoteo el saxo y la gente cree que se me ha ido la mano en la bebida. Claro que en realidad siempre estoy borracho cuando lo hago, porque al fin y al cabo un saxo cuesta muchísimo dinero.

-Vamos por aquí. Te llevaré al hotel en taxi.

-Eres la mar de bueno, Bruno -se burla Johnny-. El compañero Bruno anota en su libreta todo lo que uno le dice, salvo las cosas importantes. Nunca creí que pudieras equivocarte tanto hasta que Art me pasó el libro. Al principio me pareció que hablabas de algún otro, de Ronnie o de Marcel, y después Johnny de aquí y Johnny de allá, es decir que se trataba de mí y yo me preguntaba ¿pero éste soy yo?, y dale conmigo en Baltimore, y el Birdland, y que mi estilo... Oye -agrega casi fríamente-, no es que no me dé cuenta de que has escrito un libro para el público. Está muy bien y todo lo que dices sobre mi manera de tocar y de sentir el jazz me parece perfectamente O.K. ¿Para qué vamos a seguir discutiendo sobre el libro? Una basura en el Sena, esa paja que flota al lado del muelle, tu libro. Y yo esa otra paja, y tú esa botella que pasa por ahí cabeceando. Bruno, yo me voy a morir sin haber encontrado... sin...

Lo sostengo por debajo de los brazos, lo apoyo en el pretil del muelle. Se está hundiendo en el delirio de siempre, murmura pedazos de palabras, escupe.

-Sin haber encontrado -repite-. Sin haber encontrado...

-¿Qué querías encontrar, hermano? -le digo-. No hay que pedir imposibles, lo que tú has encontrado bastaría para...

-Para ti, ya sé -dice rencorosamente Johnny-. Para Art, para Dédée, para Lan... No sabes cómo... Si, a veces la puerta ha empezado a abrirse... Mira las dos pajas, se han encontrado, están bailando una frente a la otra... Es bonito, eh... Ha empezado a abrirse... el tiempo... yo te he dicho, me parece, que eso del tiempo... Bruno, toda mi vida he buscado en mi música que esa puerta se abriera al fin. Una nada, una rajita... Me acuerdo en Nueva York, una noche... Un vestido rojo. Sí, rojo, y le quedaba precioso. Bueno, una noche estábamos con Miles y Hal... llevábamos yo creo que una hora dándole a lo mismo, solos, tan felices... Miles tocó algo tan hermoso que casi me tira de la silla, y entonces me largué, cerré los ojos, volaba. Bruno, te juro que volaba... Me oía como si desde un sitio lejanísimo pero dentro de mí mismo, al lado de mí mismo, alguien estuviera de pie... No exactamente alguien... Mira la botella, es increíble cómo cabecea... No era alguien, uno busca comparaciones... Era la seguridad, el encuentro, como en algunos sueños, ¿no te parece?, cuando todo está resuelto, Lan y las chicas te esperan con un pavo al horno, en el auto no atrapas ninguna luz roja, todo va dulce como una bola de billar. Y lo que había a mi lado era como yo mismo pero sin ocupar ningún sitio, sin estar en Nueva York, y sobre todo sin tiempo, sin que después... sin que hubiera después... Por un rato no hubo más que siempre... Y yo no sabía que era mentira, que eso ocurría porque estaba perdido en la música, y que apenas acabara de tocar, porque al fin y al cabo alguna vez tenía que dejar que el pobre Hal se quitara las ganas en el piano, en ese mismo instante me caería de cabeza en mí mismo...

Llora dulcemente, se frota los ojos con sus manos sucias. Yo ya no sé qué hacer, es tan tarde, del río sube la humedad, nos vamos a resfriar los dos.

-Me parece que he querido nadar sin agua -murmura Johnny-. Me parece que he querido tener el vestido rojo de Lan pero sin Lan. Y Bee está muerta, Bruno. Yo creo que tú tienes razón, que tu libro está muy bien.

-Vamos, Johnny, no pienso ofenderme por lo que le encuentres de malo.

-No es eso, tu libro está bien porque... porque no tiene urnas, Bruno. Es como lo que toca Satchmo, tan limpio, tan puro. ¿A ti no te parece que lo que toca Satchmo es como un cumpleaños o una buena acción? Nosotros... Te digo que he querido nadar sin agua. Me pareció... pero hay que ser idiota... me pareció que un día iba a encontrar otra cosa. No estaba satisfecho, pensaba que las cosas buenas, el vestido rojo de Lan, y hasta Bee, eran como trampas para ratones, no sé explicarme de otra manera... Trampas para que uno se conforme, sabes, para que uno diga que todo está bien. Bruno, yo creo que Lan y el jazz, sí, hasta el jazz, eran como anuncios en una revista, cosas bonitas para que me quedara conforme como te quedas tú porque tienes París y tu mujer y tu trabajo... Yo tenía mi saxo... y mi sexo, como dice el libro. Todo lo que hacía falta. Trampas, querido... porque no puede ser que no haya otra cosa, no puede ser que estemos tan cerca, tan del otro lado de la puerta...