jueves, 19 de junio de 2008
domingo, 1 de junio de 2008
lunes, 26 de mayo de 2008
Duerme mi niño
y sueña con su payaso.
Duerme su dulce sueño
sobre mis brazos.
Duerma que el hacha mía
vela su sueño,
monte adentro bajo
el cielo santiagueño.
Sueña sin despertar
porque al alba tu llorarás
el payaso que mi hacha pobre
no te dio.
Algarrobal, algarrobal
¿Dónde está el Dios
de los pobres, Señor?
Hacha que no hacha
sudor y sudor
Hacha que no hacha
un payaso de sol.
Pronto será Navidad.
Cuando crezca mi chango
será un hachero.
Siempre sol, nunca luna
vida de obrero.
Hacha y hacha la vida
el jornalero
destino de andar triste
de enero a enero.
Algún día vendrán
hachas y hachas que cortarán
y mi chango con su payaso
reirá.
martes, 13 de mayo de 2008
Rusia, Febrero de 1917. Estatua del zar derribada por la multitud. miércoles, 30 de abril de 2008
Hasta el fondo
Debajo de toda esta telaraña espesa hay arañazos melancólicos, hay años y años suburbanos y gotas de alegría que se escurren por el cuerpo, y los ojos de uno están vueltos hacia adentro, hacia abajo con el cielo oscuro y la luz que se filtra en el corazón, la verdad es cruda y hoy no se grita, hoy se murmura y late en los rincones ardiendo en carne viva.
Un cohete al espacio no es huir, es ir a buscar porque hace falta enceguecerse para ver, hay que sentir cómo el suelo lastima y para eso hace falta arrastrarse sin asco y recibir la sonrisa irónica del idiotizado público. Los nervios de papel no sirven aquí y de todas maneras nunca se ven, a otra cosa mariposa y a hablar de lo que importa, de tus ojos de bestia herida y de todo lo que pasaste, no vas a perderte por una cosa así, no tiene sentido, a la vida hay que romperle los brazos y agarrarla por el cuello, hay que arrancarle las tripas y comérselas. Hay que viajar al centro de la tierra y dormir al calor del fuego; hay que acechar la noche en las esquinas y oler el miedo de las calles. Hay que saltar sobre el mundo y apoderarte de todo lo que encuentres.
jueves, 24 de abril de 2008
domingo, 20 de abril de 2008

-No queremos perderte. Realmente, las cosas no son así. No está todo tan mal, después de todo ya has pasado por esto. Si te vas no vas a volver.
A los tropezones conseguí subir, alejarme y ver la tierra a miles de kilómetros, sentirme en suspensión perfecta, expectante, con la mirada que se volcaba hacia abajo, con el cuerpo intensamente atraído al vacío, atraído al vértigo, al salto, al impulso, y los brazos y piernas temblando. El viento hipnótico, la inercia, el misterio. Ya no había miedo ni valor, sino una decisión simple: saltar o no saltar. Y salté.
-No te asustes que estamos para sostenerte. ¿Ves? Aquí estamos todos abajo esperándote.
Un vuelco. La mirada fija, cayendo en círculos, y el aire desplegándose en mi pecho. La fuerza, la gravedad. Lo grave de la tierra me atraía. Y podrían haber pasado cientos de años mientras caía. Ahora era tarde, tarde para todo. La confusa llamada llegaba a su fin.
-Ahora ya no te tenemos, estás sola, estamos acá pero no hay nadie para sostenerte. ¿Ven? No hay nadie que la sostenga.
La sangre bajaba a mi cabeza, vertiginosamente, y yo no podía pensar; sólo sentía una furiosa alegía recorriéndome el cuerpo. Sólo la sensación de la inminencia, del suelo duro como la piedra, de vuelta a la tierra. Y enfrentando ya el golpe, en el último momento el paracaídas se abrió y mi cuerpo rodó, mientras la tela de colores se extendía bajo el sol.
lunes, 14 de abril de 2008
En fin, qué triste es ser una cobarde. Ojalá pudiera decir todo de una vez. Mucho riesgo.

