viernes, 29 de mayo de 2009
Otra vez puedo llegar entre aullidos, gargantas ásperas y acordes brutales al rincón altísimo y falso en que las malditas bocas divinas sueltan como vómito su verdad ya masticada. Puedo dejar que las canciones y los libros hablen por mí, puedo castrarlos lentamente con una sonrisa en los labios y usar sus taparrabos para cubrir mi desnudez gris, mi desnudez de escultura de molde. Me destroza por dentro, no quiero dejar aquí palabras sobre que la gente habla y habla, de cómo me dejaste tirado, rompecorazones...,que abusas de mi amor mil veces, por más que me esfuerce. No soporto tu manera de aprovecharte...¡Pero qué lleno, qué lleno que tengo el corazón de frases hechas!
jueves, 28 de mayo de 2009

Apenas tiendo las manos moldeo como arcilla todo lo que está a mi alrededor. Pero no quiero naturaleza muerta. La verdadera emoción está en la incómoda psicodelia que me entra por la piel y los oídos, me envuelve y lentamente me hace subir, me da escalofríos, me hace arder las entrañas, me deja con la boca abierta y expectante, recibiendo los cálidos latidos, hasta el golpe final e interminable que me recorre el cuerpo y me hace abrir los ojos y ver hasta las últimas gotas de aire.
lunes, 25 de mayo de 2009
Mientras mi cuerpo se balancea imaginariamente sobre la tierra pendular, mi cabeza está flotando a kilómetros de altura, allí donde la presión se hace insostenible y la perplejidad abraza lo desconocido. Mis pensamientos están hechos de materia orgánica en peligro de descomposición y la brisa helada que rodea mis brazos y mis piernas es lo único que disipa el hedor haciendo brillar mis pupilas, como a un faro abandonado en el medio de la noche.
domingo, 17 de mayo de 2009
Murió Mario Benedetti

Defender la alegría como una trinchera
defenderla del escándalo y la rutina
de la miseria y los miserables
de las ausencias transitorias
y las definitivas
defender la alegría como un principio
defenderla del pasmo y las pesadillas
de los neutrales y de los neutrones
de las dulces infamias
y los graves diagnósticos
defender la alegría como una bandera
defenderla del rayo y la melancolía
de los ingenuos y de los canallas
de la retórica y los paros cardiacos
de las endemias y las academias
defender la alegría como un destino
defenderla del fuego y de los bomberos
de los suicidas y los homicidas
de las vacaciones y del agobio
de la obligación de estar alegres
defender la alegría como una certeza
defenderla del óxido y la roña
de la famosa pátina del tiempo
del relente y del oportunismo
de los proxenetas de la risa
defender la alegría como un derecho
defenderla de dios y del invierno
de las mayúsculas y de la muerte
de los apellidos y las lástimas
del azar
y también de la alegría.
viernes, 8 de mayo de 2009
lunes, 4 de mayo de 2009
martes, 28 de abril de 2009
¡Qué quieren ustedes!… A veces los nervios se destemplan… Se pierde el coraje de continuar sin hacer nada… ¡Cansancio de nunca estar cansado! Y se encuentran ritmos al bajar la escalera, poemas tirados en medio de la calle, poemas que uno recoge como quien junta puchos en la vereda.
Lo que sucede entonces es siniestro. El pasatiempo se transforma en oficio. Sentimos pudores de preñez. Nos ruborizamos si alguien nos mira la cabeza. Y lo que es más terrible aún, sin que nos demos cuenta, el oficio termina por interesarnos y es inútil que nos digamos: "Yo no quiero optar, porque optar es osificarse. Yo no quiero tener una actitud, porque todas las actitudes son estúpidas… hasta aquella de no tener ninguna"…
Irremediablemente terminamos por escribir: Veinte poemas para ser leídos en el tranvía.
¿Voluptuosidad de humillarnos ante nuestros propios ojos? ¿Encariñamiento con lo que despreciamos? No lo sé. El hecho es que en lugar de decidir su cremación, condescendemos en enterrar el manuscrito en un cajón de nuestro escritorio, hasta que un buen día, cuando menos podíamos preverlo, comienzan a salir interrogantes por el ojo de la cerradura.
¿Un éxito eventual sería capaz de convencernos de nuestra mediocridad? ¿No tendremos una dosis suficiente de estupidez, como para ser admirados?… Hasta que uno contesta a la insinuación de algún amigo: "¿Para qué publicar? Ustedes no lo necesitan para estimarme, los demás…", pero como el amigo resulta ser apocalíptico e inexorable, nos replica: "Porque es necesario declararle como tú le has declarado la guerra a la levita, que en nuestro país lleva a todas partes; a la levita con que se escribe en España, cuando no se escribe de golilla, de sotana o en mangas de camisa. Porque es imprescindible tener fe, como tú tienes fe, en nuestra fonética, desde que fuimos nosotros, los americanos, quienes hemos oxigenado el castellano, haciéndolo un idioma respirable, un idioma que puede usarse cotidianamente y escribirse de ‘americana’, con la ‘americana’ nuestra de todos los días…" Y yo me ruborizo un poco al pensar que acaso tenga fe en nuestra fonética y que nuestra fonética acaso sea tan mal educada como para tener siempre razón… y me quedo pensando en nuestra patria, que tiene la imparcialidad de un cuarto de hotel, y me ruborizo un poco al constatar lo difícil que es apegarse a los cuartos de hotel.
¿Publicar? ¿Publicar cuando hasta los mejores publican 1.071% veces más de lo que debieran publicar?… Yo no tengo, ni deseo tener, sangre de estatua. Yo no pretendo sufrir la humillación de los gorriones. Yo no aspiro a que babeen la tumba de lugares comunes, ya que lo único realmente interesante es el mecanismo de sentir y de pensar. ¡Prueba de existencia!
Lo cotidiano, sin embargo, ¿no es una manifestación admirable y modesta de lo absurdo? Y cortar las amarras lógicas, ¿no implica la única y verdadera posibilidad de aventura? ¿Por qué no ser pueriles, ya que sentimos el cansancio de repetir los gestos de los que hace 70 siglos están bajo la tierra? Y ¿cuál sería la razón de no admitir cualquier probabilidad de rejuvenecimiento? ¿No podríamos atribuirle, por ejemplo, todas las responsabilidades a un fetiche perfecto y omnisciente, y tener fe en la plegaria o en la blasfemia, en el albur de un aburrimiento paradisíaco o en la voluptuosidad de condenarnos? ¿Qué nos impediría usar de las virtudes y de los vicios como si fueran ropa limpia, convenir en que el amor no es un narcótico para el uso exclusivo de los imbéciles y ser capaces de pasar junto a la felicidad haciéndonos los distraídos?
Yo, al menos, en mi simpatía por lo contradictorio –sinónimo de vida- no renuncio ni a mi derecho de renunciar, y tiro mis Veinte poemas, como una piedra, sonriendo ante la inutilidad de mi gesto.
Oliverio Girondo
París, diciembre de 1922
Lo que sucede entonces es siniestro. El pasatiempo se transforma en oficio. Sentimos pudores de preñez. Nos ruborizamos si alguien nos mira la cabeza. Y lo que es más terrible aún, sin que nos demos cuenta, el oficio termina por interesarnos y es inútil que nos digamos: "Yo no quiero optar, porque optar es osificarse. Yo no quiero tener una actitud, porque todas las actitudes son estúpidas… hasta aquella de no tener ninguna"…
Irremediablemente terminamos por escribir: Veinte poemas para ser leídos en el tranvía.
¿Voluptuosidad de humillarnos ante nuestros propios ojos? ¿Encariñamiento con lo que despreciamos? No lo sé. El hecho es que en lugar de decidir su cremación, condescendemos en enterrar el manuscrito en un cajón de nuestro escritorio, hasta que un buen día, cuando menos podíamos preverlo, comienzan a salir interrogantes por el ojo de la cerradura.
¿Un éxito eventual sería capaz de convencernos de nuestra mediocridad? ¿No tendremos una dosis suficiente de estupidez, como para ser admirados?… Hasta que uno contesta a la insinuación de algún amigo: "¿Para qué publicar? Ustedes no lo necesitan para estimarme, los demás…", pero como el amigo resulta ser apocalíptico e inexorable, nos replica: "Porque es necesario declararle como tú le has declarado la guerra a la levita, que en nuestro país lleva a todas partes; a la levita con que se escribe en España, cuando no se escribe de golilla, de sotana o en mangas de camisa. Porque es imprescindible tener fe, como tú tienes fe, en nuestra fonética, desde que fuimos nosotros, los americanos, quienes hemos oxigenado el castellano, haciéndolo un idioma respirable, un idioma que puede usarse cotidianamente y escribirse de ‘americana’, con la ‘americana’ nuestra de todos los días…" Y yo me ruborizo un poco al pensar que acaso tenga fe en nuestra fonética y que nuestra fonética acaso sea tan mal educada como para tener siempre razón… y me quedo pensando en nuestra patria, que tiene la imparcialidad de un cuarto de hotel, y me ruborizo un poco al constatar lo difícil que es apegarse a los cuartos de hotel.
¿Publicar? ¿Publicar cuando hasta los mejores publican 1.071% veces más de lo que debieran publicar?… Yo no tengo, ni deseo tener, sangre de estatua. Yo no pretendo sufrir la humillación de los gorriones. Yo no aspiro a que babeen la tumba de lugares comunes, ya que lo único realmente interesante es el mecanismo de sentir y de pensar. ¡Prueba de existencia!
Lo cotidiano, sin embargo, ¿no es una manifestación admirable y modesta de lo absurdo? Y cortar las amarras lógicas, ¿no implica la única y verdadera posibilidad de aventura? ¿Por qué no ser pueriles, ya que sentimos el cansancio de repetir los gestos de los que hace 70 siglos están bajo la tierra? Y ¿cuál sería la razón de no admitir cualquier probabilidad de rejuvenecimiento? ¿No podríamos atribuirle, por ejemplo, todas las responsabilidades a un fetiche perfecto y omnisciente, y tener fe en la plegaria o en la blasfemia, en el albur de un aburrimiento paradisíaco o en la voluptuosidad de condenarnos? ¿Qué nos impediría usar de las virtudes y de los vicios como si fueran ropa limpia, convenir en que el amor no es un narcótico para el uso exclusivo de los imbéciles y ser capaces de pasar junto a la felicidad haciéndonos los distraídos?
Yo, al menos, en mi simpatía por lo contradictorio –sinónimo de vida- no renuncio ni a mi derecho de renunciar, y tiro mis Veinte poemas, como una piedra, sonriendo ante la inutilidad de mi gesto.
Oliverio Girondo
París, diciembre de 1922
viernes, 17 de abril de 2009
¿Qué piensa que es un artista? ¿Un imbécil que sólo tiene ojos si es un pintor, u oídos si es un músico, o una lira en cada nivel de su corazón si es un poeta, o aún si es un boxeador, sólo sus músculos? Por el contrario es, al mismo tiempo, un ser político, constantemente vivo frente a acontecimientos desgarradores, feroces o felices, a los que responde de todas las maneras. ¿Cómo podría ser posible no sentir ningún interés por la gente, y en virtud de una indiferencia torremarfilina separarse uno mismo de la vida que esa gente brinda tan copiosamente? No, la pintura no está hecha para decorar apartamentos. Es un instrumento de guerra para el ataque y la defensa del enemigo.
Pablo Picasso
Pablo Picasso
lunes, 16 de febrero de 2009
Casi no puedo explicar el desconcierto que me envuelve, cuando, trepada descalza sobre el mar convulsionado, sobre viejos laberintos que vuelven a buscarme, tras dulces latidos de mi sangre atravesándome el cuerpo y el aire caliente, van alejándose las importancias, va perdiéndose la angustia en una sensación más profunda y visceral que brota callada y violentamente, la sensación de una tregua alerta que me contiene en brazos, que me obliga a observar todo alrededor y va borrando el miedo de mis ojos, el temblor crónico y reprimido que asaltaba con ímpetu mi cuerpo, que me dice con calma fatal que es hora de saltar.
domingo, 1 de febrero de 2009
Diablos, estoy cada vez más cerca, puedo sentirlo, esto tiene sus leyes, sus tiempos, y no es cuestión de quedarse calladamente esperando la abismal revelación, la voz de Dios dictando mandamientos o el Mar Rojo abriéndose, esto es esperar mientras se busca, aun en la oscuridad porque después de todo uno está saliendo de las tinieblas, no tengo esa soga que salva a unos cuantos, yo siempre en el borde, siempre viviendo en esa línea que separa abruptamente la oscuridad de la luz. Acumulando rabia, rencor, desesperación: ese confuso deseo de llegar, que tiene mucho de mentira, de llegar como llega el que pisoteó a unos cuantos en medio de la estampida; ah! y ese horror de confundirse, de no despegarse, como podría hacer cualquiera que tenga la divina soga, para qué quiero esa soga, esto llegó de mí, con todo lo que esa expresión tenga de bruta, de perro azotado que muestra los dientes y suelta su gruñido. Pocas veces he caído en paracaídas sobre mí, sobre todo lo que soy y lo que tengo, y empiezo a entender eso de caerse de cabeza sobre uno mismo, y en el fondo eso es solamente que uno es, piensa y siente en perfecto equilibrio en ese momento, aunque parezca una locura, cuando ha encontrado la comprensión del aquí, del ahora, de lo que fui y lo que seré. Trabajo, cuesta un trabajo horrendo de volver una y otra vez, pero después de todo lo único que puede encontrarse buscando es el trabajo, después de todo hay lecciones, y verdades, y nada puede lograrse sin ellas.
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