sábado, 29 de noviembre de 2008

martes, 25 de noviembre de 2008

Más de una vez me han echado a la calle
por reír donde debo estar llorando,
por llorar donde debo estar riendo,
por callar donde debo estar hablando,
por hablar donde debo estar callado,
por hablar en voz baja de la fe,
por hablar en voz alta del amor.
Más de una vez al año hago
algo que no se puede hacer:
pateo una piedra, levanto polvo
que da deseos de toser.
Me lleno entonces de optimismo,
algo solemne quiero hablar,
pero la piedra me cae encima
y nunca puedo terminar.
Más de una vez me han echado a la calle
por no sentir respeto por las flores,
por derramar comida en los manteles,
por darle de mi alcohol a algunos niños,
por desnudar deprisa a mis mujeres.
Más de una vez no tengo diversión,
más de una vez no tengo invitación.
Más de una vez me han echado a la calle
por correr donde duermen los enfermos,
por fumar en los palcos del teatro,
por hacerle una mueca a mi maestro,
por llevar la cicuta en el bolsillo
desde que iba al colegio con un perro,
desde que me rompían la cabeza
por hablar demasiado del horror
y decirle asesino a un pescador.
Silvio Rodriguez

viernes, 21 de noviembre de 2008


Hundir mi lengua en las profundidades de tu cuerpo y sentir cómo nos lastimamos; arrancarte tus sueños a pedazos con mis uñas, golpearte en la boca del estómago con toda mi furia; ver alucinados cómo el sol emerge incandescente sobre la fría madrugada, resbalar entre tus piernas abandonándome a tus arañazos, a tus mordiscos, a tus apretadas caricias; destruirnos, desarmarnos, acabarnos, sólo eso quisiera.

jueves, 20 de noviembre de 2008

Tal vez ya está todo dicho; tal vez el horror o el amor que sienta yo hoy o mañana no cambie en nada las cosas, y es ésa la peor sensación que he tenido en el mundo, el de la fatal sospecha de que no voy a significar nada, temblando en un rincón las lágrimas se deslizan por mis ojos, mientras un grito estremecedor recorre todo mi cuerpo y un puño invisible me golpea hasta doblegarme. Sólo sé que no puede ser esta basura todo lo que existe, que las cenizas de mis ojos y de millones de ojos más podrán mirar hacia adelante sólo cuando todo esto explote en mil pedazos, que no puedo dejar de saltar al precipicio que me ha rondado todo este tiempo. Y que el peor crimen sería bajar la cabeza ante todo lo que sé; que arrancar de raíz el veneno que nos está matando es terriblemente urgente y que la cobardía va a matarme si no lo logro.

martes, 18 de noviembre de 2008

Es gracioso y casi aterradora la sensación de que nada me importe en el fondo, de que mientras veo tu corazón rompiéndose en pedazos al suplicarme pueda mirarte con una indiferencia atroz, de que vea huyendo de mí a quienes tanto quise y sin embargo no pensar jamás en ellos, de que la emoción que me arrasaba antes ahora duerma en mi mente enfermiza...y alrededor de todo va acumulándose una espesa masa de polvo que va consumiendo todas mis energías, terriblemente odiosa y fatal, donde la desconfianza va llenándome cada vez más.

lunes, 17 de noviembre de 2008

Una ráfaga caliente sube por mi pecho
y tengo que seguir corriendo
aunque tiemblen mis piernas
mi corazón sigue gritando desbocado
y sólo pienso en llegar
al adorado rincón sucio y oscuro
donde podré dormir en paz

miércoles, 5 de noviembre de 2008

Aaahhhhhhh!
Ahora vienen por mí
cuando todo parece normal
¿es que no lo ves?
Y todavía tengo que esforzarme para que lo entiendas
¿es que no has visto el suelo cubierto de sangre?
¿No viste un enorme y sucio alambrado
cercándonos hasta casi matarnos?
Ya es muy tarde para todo lo que amé
Y aunque han pasado cien años de tu tiempo
aún resuenan los últimos aullidos de terror
y todo parece una horrible pesadilla
porque aún te veo con los ojos vacíos y con esa
estúpida sonrisa brillando
huecamente en la oscuridad
Pobre cuerpo flaco y aterido
es hora de correr
sólo necesitamos una voz de alarma
y vamos acobardándonos en la celda
y un día somos demasiado viejos,
demasiado buenos
demasiado cuerdos como para huir
y las voces claras y sufrientes que gritan
hasta casi perder la razón
sólo nos merecen una sonrisa irónica
en la que se refleja, con amargura
la cobardía que ha estado matando
nuestro corazón poco a poco
el temor de un niño desencadena el llanto
una voz dulce aprisionándolo en una jaula
y una herida que ha quedado
abierta para siempre en mi frente
aún sigue ahí aunque no puedan verla
y lo sé porque cada mañana, al levantarme
siento el ardor incandescente
y termino por ocultarme
a los ojos de todos

sábado, 1 de noviembre de 2008

Annabel Lee
Hace muchos, muchos años,
en un reino junto al mar,
vivía una doncella
cuyo nombre era Annabel Lee;
y vivía esta doncella sin otro pensamiento
que amarme y ser amada por mí.
Yo era un niño, una niña ella,
en ese reino junto al mar:
pero nos queríamos con un amor que era más que amor,
yo y mi Annabel Lee,
con un amor que los serafines del cielo
nos envidiaban a ella y a mí.
Tal fue esa la razón de que hace muchos años,
en ese reino junto al mar,
soplara de pronto un viento, helando
a mi hermosa Annabel Lee.
Sus deudos de alto linaje vinieron
y se la llevaron apartándola de mí,
para encerrarla en una tumba
en ese reino junto al mar.
Los ángeles, que no eran ni con mucho tan felices en el Cielo,
nos venían envidiando a ella y a mí...
Sí: tal fue la razón (como todos saben
en ese reino junto al mar)
de que soplara un viento nocturno
helando y matando a mi Annabel Lee.
Pero nuestro amor era mucho más fuerte
que el amor de nuestros mayores,
de muchos que eran más sabios que nosotros,
y ni los ángeles arriba en el Cielo,
ni los demonios abajo en lo hondo del mar,
pudieron jamás separar mi alma
del alma de la hermosa Annabel Lee.
Pues la luna jamás brilla sin traerme sueños
de la bella Annabel Lee;
ni las estrellas se levantan sin que yo sienta los ojos luminosos
de la bella Annabel Lee;
Así, durante toda la marea de la noche, yazgo al lado
de mi adorada -mi querida- mi vida y mi prometida,
en su tumba junto al mar,
en su tumba que se eleva a las orillas del mar.
Edgar Allan Poe


Quisieras sentir mi calor en el momento exacto en que me cierro, y esa mirada enfermiza que conozco recorre mi piel ávidamente. No sé por qué te gusta tanto suponer que para mí el sol brilla siempre con tus sonrisas, la verdad es que en mí hay un temor oculto que nunca va a irse con todas las caricias del mundo...te gusta verme siempre abierta, siempre al acecho, y no podrías entender cómo es saber que adentro tuyo hay un túnel oscuro que se abre hacia el mundo, siempre tocado por el aire, siempre a la espera de un tren que lo penetre. No es mi culpa entonces, si quiero ocultarme por una vez, cansada de esperar, cansada de la asfixia de este agujero milenario. Quiero meter la cabeza entre mis piernas y hundirme en la carne lúbrica, aterradora, caliente, para ver qué es lo que tanto fascina. Para mí sólo es una prisión palpitante y silenciosa que te envuelve y te aprieta tristemente, llorosa, suplicante, una boca hambrienta que devora a su presa, un cúmulo de arenas movedizas en el medio de mi cuerpo. Tal vez, lo que te llama irresistiblemente es la sensación de hundirte en el vértigo ambiguo que vas encontrando sin ver, para después emerger triunfante dejando apenas un vacío torpe y a mí, acurrucada como un animal herido.